lunes, 26 de julio de 2021

Campos de Brihuega

Comparto mi artículo del pasado miércoles en La Tribuna de Toledo, sobre la floración de la lavanda en los campos de Brihuega

 Hace unos meses les hablaba del riquísimo patrimonio artístico de la Alcarria, invitándoles a que, como Cela, descubrieran sus pueblos y paisajes. Estos días he retornado a aquellas tierras para contemplar una de las visiones más espectaculares y hermosas que podemos tener durante julio en Castilla-La Mancha, la floración de la lavanda, especialmente impresionante en los alrededores de Brihuega.

Es algo realmente bello. Acudí por la tarde, antes de la puesta del sol, y de nuevo pude disfrutarlo por la mañana. Un océano de flores de lavanda o lavandín, que con sus diferentes intensidades, matizadas por el sol, se ofrecen a nuestros ojos como un tapiz violáceo y azulado festoneado de verde, en conjunción, a veces, con el dorado intenso de los trigales a punto de siega. Al atardecer, con el sol poniente, adquiere una vigorosa tonalidad. La brisa, casi viento, mientas paseaba por los carriles que separan las hiladas, hacia danzar las flores, que exhalaban su fragancia, envolviéndome con un olor exquisito, mientras el azul del cielo iba poco a poco pasando, con transiciones de oros, a un naranja que estallaba sobre las montañas antes de cubrirnos con un oscuro manto tachonado de estrellas. Todo un regalo para los sentidos.

Brihuega se ha convertido en la tierra de la lavanda, acogiendo la mayor extensión de aromáticas de España, y sus gentes han sabido transformar su cultivo no sólo en fuente de riqueza agrícola, sino en base de una diversificada industria que ofrece  todo tipo de productos, desde cosméticos a gastronómicos, que han asegurado un futuro prometedor al pueblo y su comarca. Pero no sólo. La floración de la lavanda es ya uno de los principales atractivos del pueblo, que ofrece, además, un extraordinario conjunto artístico formado por el castillo de la Piedra Bermeja, residencia medieval de los arzobispos de Toledo, quienes, señores de la población tras la Reconquista, la dotaron de fuero y ejercieron el mecenazgo artístico en ella; las iglesias de San Miguel, San Felipe -quizá la iglesia más hermosa de la villa-, y Santa María de la Peña; las murallas, la Real Cárcel de Carlos III o una de las muestras más interesantes de arquitectura industrial del siglo XVIII, la Real Fábrica de Paños, con los espléndidos jardines del XIX, desde los que tenemos una bellísima panorámica del valle del Tajuña. Las calles, engalanadas de morado en estos días, ofrecen un marco acogedor que nos invita a degustar la riqueza gastronómica de esta tierra de miel y de espliego, de cantuesos y romeros, tomillos y mejorana.


Campos de lavanda en Brihuega

Brihuega es un auténtico ejemplo de cómo, en la España vaciada, el patrimonio natural y el histórico-artístico, bien cuidados y gestionados, son una oportunidad de riqueza, de prosperidad, de futuro. Ojalá cunda el ejemplo.

Y, si me permiten, un consejo. Visiten en estos días ese jardín de la Alcarria que es Brihuega y zambúllanse en la belleza indescriptible de sus campos de lavanda.

lunes, 29 de marzo de 2021

POESÍA, ARTE, BELLEZA: DOS LIBROS DE HERNÁNDEZ-SONSECA

 Comparto mi columna del pasado miércoles en La Tribuna de Toledo, comentando dos libros del profesor Antonio Hernández-Sonseca

Es imposible vivir una vida en plenitud sin la experiencia de lo Bello. El ser humano, carne espiritualizada que busca la Trascendencia, ha sido siempre, como hermosamente expresa Rafael Narbona, un peregrino de lo Absoluto. Y en este peregrinar son los libros el bordón en el que nos apoyamos para avanzar sin tropiezos. Sobre todo cuando su contenido y su continente nos remiten a ese trascendental, la Belleza, que nos arranca de la rutina de lo cotidiano.

Es el caso de los dos libros que me atrevo a recomendarles. Su autor, sin duda alguna, es muy conocido entre nosotros. Antonio Hernández-Sonseca Pérez, canónigo magistral de la Catedral Primada, profesor durante muchos años en la escuela de magisterio y en el seminario, investigador y, sobre todo, filósofo, en el sentido radical del término, un amante de la sabiduría como pocos he conocido en mi vida. Su voz, inconfundible, ha acompañado, ilustrando, exhortando, animando, la procesión del Corpus Christi y las celebraciones catedralicias. Quienes pudimos disfrutar en clase de su magisterio tuvimos la ocasión de deleitarnos con la sabiduría que brota de sus incontables lecturas.

Antonio Hernández-Sonseca

Desde su serena jubilación, don Antonio nos ha venido ofreciendo hermosos libros que, en una secuencia fecunda, han profundizado la figura y la obra de ese artista genial que es El Greco. Ahora, cambiando de registro, nos regala dos obras que, si bien distintas en apariencia, constituyen una armoniosa polifonía cuyo tema central es lo bello.

La primera de ellas es un comentario a esa maravillosa pieza poética, el más hermoso de los libros de la Biblia, que es el Cantar de los Cantares. Titulado El Cantar más incómodo y provocador (Editorial CELYA, 2020), tras desgranar la obra en su origen y contexto, amén de desplegar la potencia metafórica del mismo, regala a los ojos del corazón esa extraordinaria versión clásica de nuestro Siglo de Oro, la traducción realizada por fray Luis de León, el mejor poeta castellano para Miguel de Cervantes, que enriquece el propio Hernández-Sonseca con sus poéticos y hondos comentarios.

La otra obra es una meditación poética sobre la obra de Chillida conservada en ese lugar de comunión con la naturaleza que es Chillida Leku. En la mejor tradición de los libros de viajes, este delicioso librito, Notas de andar y ver en Chillida Leku (Editorial CELYA, 2020) combina la palabra con la imagen, plasmada en las fotografías de Jesús San Millán, que convierten al propio libro en una guía que nos permite adentrarnos en la obra del escultor vasco. Un texto que rezuma el saber mirar, no sólo ver; el contemplar más allá de la materialidad que se nos impone, abriendo el alma al horizonte insondable de la docta ignorancia que enraizándonos en la Verdad, nos hace buscadores infatigables de la misma.

La producción literaria de Hernández-Sonseca, demasiado poco conocida entre nosotros, es un néctar delicioso que merece la pena degustar.

miércoles, 17 de marzo de 2021

2017

 Comparto mi columna de la pasada semana en La Tribuna de Toledo, sobre la obra de David Jiménez, "2017. La crisis que cambió España".

Hay fechas que marcan la historia. Y otras que se convierten en un hito en la literatura. 1984, la inquietante distopía de Orwell es quizá el ejemplo más claro a este respecto. 2017, sin duda alguna, señalará un antes y un después en la historia actual de España. Un reciente ensayo sobre el procés que toma por título dicha fecha representa también un punto de referencia respecto al análisis de lo que sucedió en aquel año.

Me refiero al profundo estudio que sobre la crisis política en Cataluña ha realizado mi compañero de departamento en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense, David Jiménez Torres, titulado 2017. La crisis que cambió España, publicado por Ediciones Deusto el pasado mes de febrero. Si han leído alguna otra obra del profesor Jiménez Torres, como su  estupenda biografía de Ramiro de Maeztu, o le siguen en sus columnas semanales en el diario El Mundo, no les sorprenderá la cordial recomendación que les hago para que gusten de una de las más agudas reflexiones sobre lo que ha ocurrido, ocurre y, desgraciadamente, seguirá ocurriendo en Cataluña, el mayor problema de la democracia española actual, que de no afrontarse adecuadamente podría poner en peligro -creo que no exagero- el futuro de España como nación.

Con bastante ligereza, y en ello destaca particularmente la actual clase política española, tal vez una de las más mediocres de nuestra historia, solemos afrontar con un cierto adanismo los conflictos que van surgiendo en la vida pública. La ignorancia supina acerca de la Historia de España, agravada por los cada vez más bajos niveles educativos que padecemos, lleva a ignorar las profundas raíces de muchos de nuestros problemas. Asimismo, la proyección ideológica sobre nuestro inmediato pasado, distorsiona, con filias y fobias, el análisis de la evolución reciente de los mismos y de los factores que han marcado su desarrollo. El trabajo del doctor Jiménez Torres trata de arrojar luz precisamente sobre esta carencia, buscando las claves epistemológicas que permitan entender lo que está pasando. Lo hace partiendo de lo que denomina “la Premisa”, la idea asumida durante el inicio de la Transición de que el sistema autonómico era una herramienta suficiente para integrar a los nacionalismos subestatales, fundamentalmente el vasco y el catalán, en una España democrática. A partir de aquí va desgranando en tres grandes capítulos (Antes, Durante, Después) el desarrollo de la crisis, no desde una crónica exhaustiva de lo acontecido sino a través de una reflexión acerca de la crisis que va poniendo en evidencia la debilidad de aquella premisa y cómo seguir aferrándose a ella, tras lo sucedido en 2017, impide afrontar correctamente el reto que sigue planteando el independentismo catalán. Esa fecha marca ya un antes y un después, un punto de inflexión que es preciso asumir como tal si no se quiere seguir incurriendo en los mismos errores.

Un libro iluminador y sugerente. Les hará pensar.

viernes, 26 de febrero de 2021

MÍSTICA Y MÍSTICOS (A RAIZ DE UN LIBRO DE RAFAEL NARBONA)

 Comparto mi columna del pasado miércoles en La Tribuna de Toledo, sobre el libro de Rafael Narbona, Peregrinos del absoluto. La experiencia mística. Un libro que vale la pena leer.

Es difícil encontrar en el panorama literario español, fuera de la producción de autores dedicados a la espiritualidad, obras que, desde la experiencia personal, aborden un tema que para muchos podría resultar totalmente desfasado pero que, sin embargo, atañe a lo más hondo de la experiencia humana. Me refiero a la tradición mística que tan rica ha sido en la literatura escrita en castellano.

Es por ello una agradable sorpresa toparse con un autor como Rafael Narbona y con su último libro, Peregrinos del absoluto. La experiencia mística. Descubrí a Narbona gracias a Twitter, donde sigo sus profundas reflexiones, hechas a base de una extraordinaria combinación de abundantes lecturas e intensa trayectoria vital, y que son siempre un pequeño soplo de aire fresco y vivificador en medio de esa sentina de odios y enemistades en las que parece que se va convirtiendo la red. A partir de esos “trinos” me he ido acercando a la obra de Narbona y he podido disfrutar de esa pequeña joya que es el libro mencionado, un recorrido por el venero fecundo del pensamiento místico occidental, hecho desde un profundo conocimiento de los autores, un conocimiento que no es sólo intelectual sino radicalmente sapiencial, nacido del saboreo sereno de los mismos, a partir de un rumiar de los textos, que desgrana desde la admiración –siempre inicio de toda verdadera reflexión humana- pero también desde el juicio equilibrado que sabe descubrir limitaciones y falsos senderos.


Tras el prólogo de Javier Gomá, quien nos recuerda la oportunidad de un libro como éste en tiempos de relativismo furioso que nos ha desposeído de la idea del Todo, el autor reflexiona sobre la pervivencia de la mística en una época que parece contemplar el eclipse de Dios, presentando un pequeño ensayo sobre la misma, que en sí mismo ya merece la pena leer. Es un delicioso aperitivo que nos prepara para degustar una selección de manjares exquisitos, doce figuras que desde sus diferentes experiencias han tenido en común la búsqueda apasionada, en ocasiones dolorosa y desgarradora, siempre plenificadora, de lo Absoluto, la mayoría desde la tradición judeocristiana del Dios revelado en la Historia aunque también recoge la búsqueda en la Nada o en la transgresión. Partiendo de Santa Teresa de Jesús y su mística de la felicidad, va recorriendo la vida, la obra, la experiencia mística de San Juan de la Cruz, Blas Pascal, William Blake, Soren Kierkegaard, Unamuno, Rilke, Georges Bataille, Simone Weil, Emil Cioran, Etty Hillesum y Thomas Merton. Cada uno ha realizado un recorrido íntimamente personal, pues como el autor nos recuerda, “la mística no es una vivencia colectiva”, es un apartarse del mundo, pero sin odiar el mundo, sino saliendo de él, entrando en otra dimensión de lo real, pero irreductible a lo meramente empírico.

Un libro bellísimo, extraordinario, que nos invita a zambullirnos en el hondón de nuestro ser y redescubrir que no somos sólo materia.

miércoles, 17 de febrero de 2021

"...ET IN PULVEREM REVERTERIS"

 Comparto mi columna de hoy, 17 de febrero, Miércoles de Ceniza, publicada en La Tribuna de Toledo

Un año más, la sobria liturgia del Miércoles de Ceniza viene a abrir el tiempo de Cuaresma, privado este año de su batalla previa con don Carnal. Un tiempo que para el creyente es preparación intensa a la celebración anual más importante, la Pascua, pero que a todos brinda la oportunidad de confrontarnos con nuestro verdadero ser, tantas veces alienado en esta superficial y materialista sociedad.

El acto de la imposición de la ceniza venía acompañado, antes de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, por las palabras latinas Memento, homo, quia pulvis es, et in pulverem reverteris, que ahora son habitualmente sustituidas por la fórmula “Convertíos y creed el Evangelio”, que condensa lo que debe ser el itinerario cuaresmal.



Más, a lo largo de este duro año que hemos vivido, la vieja expresión, tomada del Génesis, se nos ha manifestado dolorosamente real y próxima. Porque hemos podido experimentar, a nivel personal y social, la fragilidad de todo lo humano, un inestable castillo de naipes que es desmoronado por el menor soplo. La enfermedad, la soledad, la muerte, se nos han hecho compañeras habituales, destruyendo vidas, proyectos, ilusiones. La Covid_19 ha mostrado que somos, como en la canción de Kansas,
dust in the wind, polvo en el viento, pequeñez arrastrada por la potencia de una fuerza invisible, dejada al albur de una situación que no podemos manejar ni controlar. La orgullosa torre de Babel de nuestra tecnología, de nuestros conocimientos, de nuestra sabiduría, se ha venido abajo estrepitosamente, dejando visible la contingencia radical del ser humano.

Memento, homo…recuerda, humano…mira lo que eres en verdad, adéntrate en lo más hondo de ti mismo. La pandemia ha dejado al descubierto tu desnudez original, te ha despojado de tus endebles certezas, de tus fútiles seguridades…quia pulvis es…que eres polvo, nada…et in pulverem reverteris…y volverás al polvo…a tu realidad primigenia por la muerte que, danza macabra, a todos iguala, ricos y pobres, poderosos y humildes, banqueros y mendigos.

Pero la evocación de estas palabras el Miércoles de Ceniza no es la triste constatación heideggeriana de que somos Das Sein zum Todes, un ser para la muerte. Al contrario, frente a la oscura incertidumbre y pavoroso pánico de hundirnos en la nada, la ceniza sobre nuestras cabezas nos recuerda que ese polvo ha sido transformado en barro amasado amorosamente por las manos del Creador, insuflado de su Espíritu vivificante, y que el adentrarnos en el desierto de la Cuaresma no es sino para, desde la experiencia radical del encuentro con nosotros mismos en la soledad, abrirnos a la Trascendencia y vivir el paso redentor de la esclavitud a la verdadera libertad, la que, desde una Cruz se nos anuncia, no en las tinieblas aterradoras del Viernes Santo, sino en la aurora luminosa del Domingo de Pascua, cuando el Resucitado rompa con ella la piedra, no sólo de su sepulcro, sino de los de la Humanidad entera.