Comparto el texto de la conferencia impartida en la Sacristía de la Catedral Primada de Toledo, el día 25 de junio de 2016
EL CARDENAL CISNEROS: REFORMADOR, HUMANISTA Y ESTADISTA
El 8 de noviembre del año de gracia de 1517, en un
rincón de Castilla, Roa, en la casa del conde de Siruela, a las 4 de la
madrugada, fallecía, sin haber logrado su objetivo de encontrarse con el flamante
nuevo rey de Castilla, Carlos I, fray Francisco Jiménez de Cisneros, el humilde
fraile franciscano y poderoso cardenal arzobispo de Toledo, regente del reino y
reformador de la vida religiosa. Pero, ¿quién era este personaje, clave para
entender la vida religiosa, política, cultural e incluso económica de la
Castilla de entre siglos, en el umbral de una nueva era para la humanidad?
A ello voy a dedicar la siguiente conferencia, que
pretende ser una humilde y sencilla predela, un escalón, sobre el que se vayan
desarrollando, tal y como se merece Cisneros, las conmemoraciones del V
centenario de su muerte, que tendrán lugar el próximo 2017, y que, de alguna
forma, van precedidas por este V centenario del comienzo de su regencia, tras
la muerte de Fernando el Católico, el 23 de enero de 1516.
La exposición la voy a dividir en dos apartados:
en primer lugar, una presentación general de la vida del cardenal, para pasar
después a analizar tres ámbitos en los que destacó de una forma particular:
como reformador de la Iglesia y de la vida religiosa, como humanista y como
hombre de estado, que desempeñó de un modo particular durante las dos regencias
de Castilla.
El cardenal Cisneros, por Juan de Borgoña
(Sala Capitular de la S. I. Catedral Primada de Toledo)
VIDA
A la hora de acercarnos a la vida del cardenal
Cisneros, hay que hacerlo desde la obra del que ha sido gran estudioso del
mismo, el padre José García Oro[1], que,
tanto en su monumental biografía del cardenal, en dos volúmenes, como en otros
trabajos[2], ha
abordado con exhaustividad su figura, así como el entorno social, cultural,
político y religioso. Más recientemente, y asumiendo los estudios del padre
Oro, el historiador Joseph Pérez, ha publicado, dentro del proyecto de
biografías de españoles eminentes de la Editorial Taurus, una nueva vida del
prelado[3], pero
dándole un enfoque por un lado, divulgativo, pero por otro, se interesa por su
obra y el papel que desempeño en la historia de Castilla, dedicando un
enriquecedor estudio sobre la figura de Cisneros vista desde Francia, que creo
puede ayudar a superar muchos de los mitos en los que, por estos pagos
españoles, está envuelto el cardenal.
Quiero detenerme brevemente aquí: en efecto, ya
desde época muy temprana, en la Francia de Luis XIV, Cisneros fue analizada, y
lo que resulta más llamativo, comparada con la figura del cardenal Richelieu,
llegaron a la conclusión de que, en todos los conceptos, Cisneros era superior[4].
Conclusión que sigue vigente hoy en día, quizá como toque de atención a la
historiografía española de cara a una nueva valoración del papel de Cisneros en
nuestra historia, y del conocimiento y divulgación de su figura, reducida
incluso al tópico desprestigiador de la quema de libro árabes en Granada. La
primera biografía francesa, de Michel Baudier[5], data
de 1645. Este autor señala que Richelieu trató de seguir la huella de Cisneros,
e imitarlo, llamando la atención de cómo el prelado toledano supo mantener a
raya a los nobles y sumisos a la autoridad real. Dejando a un lado otros
autores franceses, y situándonos en la época contemporánea, hay que destacar la
imagen que tiene de él un historiador marxista como Pierre Vilar, para quien
Cisneros era un estadista que se anticipa a las concepciones modernas del
ejercicio del poder, un progresista.
Lo primero que hay que resaltar es que, de la
mayor parte de la vida de Cisneros, hasta su nombramiento como arzobispo de
Toledo en 1495, poseemos pocos datos, quizá los suficientes para saber de sus
grandes etapas vitales, pero sin poder concretar, al menos por el momento, en
algunos puntos. La fecha que tradicionalmente se da de su nacimiento es el año
1436, pero sin que lo podamos asegurar plenamente. Tuvo lugar en Torrelaguna,
en la actual comunidad de Madrid y entonces perteneciente al arciprestazgo de
Uceda, en la archidiócesis de Toledo. Era villa desde 1390, cuando Juan I de
Castilla y el arzobispo Pedro Tenorio la desanexionaron de Uceda. Sus padres
fueron Alfonso Jiménez de Cisneros y Marina de la Torre. Le impusieron de
nombre de pila Gonzalo, como uno de sus tatarabuelos. Tras los estudios
iniciales en su pueblo, marchó a comenzar los estudios universitarios, tal vez
en Salamanca, obteniendo el grado de bachiller en Leyes. Decidido a seguir la
carrera eclesiástica, en torno a 1460 marchó a Roma. Allí obtuvo una de las
bulas, llamadas expectativas, que le habilitaban para desempeñar el primer
beneficio que quedara vacante en la diócesis de Toledo. La ocasión surgiría al
promoverse una causa contra el arcipreste de Uceda. Esta población era la
tercera por sus rentas, en la diócesis toledana, tras Alcalá y Zorita. Cisneros
denunció al arcipreste y logró ser designado sucesor del mismo. Pero esta
maniobra no gustó nada al belicoso arzobispo de Toledo, Alfonso Carrillo, de
modo que Cisneros acabó en la prisión del castillo de Uceda y luego en la
cárcel de clérigos de Santorcaz. Todo ello le llevó a ponerse bajo la
protección de otro de los clérigos más importantes del reino, el obispo de
Sigüenza y futuro arzobispo de Toledo, Pedro González de Mendoza. En Sigüenza
fue nombrado capellán mayor de la catedral y más tarde, provisor y vicario
general de la diócesis seguntina.
Pero en 1484 la vida de Gonzalo Jiménez de
Cisneros va a dar un cambio radical, abandonando Sigüenza camino de un oratorio
franciscano de la Custodia de Toledo, cambiando su nombre de pila por el de
Francisco. Aunque la tradición atribuyó su ingreso en el flamante monasterio de
San Juan de los Reyes, esto no pudo ser posible, pues la fábrica del mismo no
estuvo concluida hasta 1496, siendo lo más probable que se retirara al
eremitorio de La Salceda[6],
entre las poblaciones de Tendilla y Peñalver, en las actuales tierras de
Guadalajara. Era uno de los conventos en los que se estaba viviendo una
profunda reforma de la vida religiosa, y que sería uno de los centros más
activos de la espiritualidad española.
Sin embargo otro hecho iba a impedir que fray
Francisco pasara una vida oculta y retirada. En 1492, tras el nombramiento de
fray Hernando de Talavera, confesor de la reina Isabel, como arzobispo de
Granada, la reina acudió al cardenal Mendoza para consultarle sobre quien
podría sustituirle. Mendoza no lo dudó y le recomendó a su antiguo vicario
general, el cual recibió el nombramiento el 2 de junio de 1492. Intentó desde
el primer momento armonizar su nuevo oficio con su vida eremítica, poniendo
como condición no residir en la corte, sino en el convento más cercano. Fray
Francisco impresionó en la corte debido a su ascesis y pronto la reina confió
en su consejo. A la muerte de Mendoza, el 11 de enero de 1495 pensará en
Cisneros como sucesor.
La mitra de Toledo era la primera del reino, tanto
por su extensión como por su riqueza. Desde el norte de la provincia de Madrid
hasta Cazorla, el arzobispo ejercía poderes administrativos, judiciales e
incluso militares, sobre una población de unos 100.000 habitantes. La diócesis
constaba de una catedral, dos colegiatas (Alcalá y Talavera), más de doscientos
beneficios, veinte arciprestazgos, cuatro vicarías, cerca de trescientas
parroquias, etc. además de varias fortalezas. Nombraba regidores, alcaldes,
fiscales y gobernadores militares de diversas ciudades y aldeas. Todo un
pequeño estado incrustado dentro del reino de Castilla. El 20 de febrero,
Cisneros era nombrado nuevo arzobispo. El 11 de octubre fue consagrado obispo
en Tarazona. Su primera preocupación fue la honestidad de vida del clero, empezando
por el clero capitular, para lo que escribió una carta al cabildo. Poco después
tuvo que hacer frente a la agitaciones que se daban en el seno del mismo. Y
enseguida comenzó con un plan edilicio, que conllevó, ya en 1497, la
construcción del claustro alto. Ese año hizo, por fin, su entrada solemne en la
catedral. Y convocó el que sería su primer gran sínodo, en Alcalá. Dicho sínodo
promoverá la reforma y renovación pastoral de la diócesis. Comenzó las obras de
arreglo del altar mayor de la catedral, con el traslado de la capilla de los
Reyes Viejos, buscando dar la debida grandeza a la misma. Otras obras fueron
promovidas en Alcalá, en la iglesia magistral, en Talavera, Brihuega y
Santorcaz. En 1497 se creaba también el primer instrumento para el gobierno
temporal de la iglesia de Toledo, las Constituciones
sinodales de rentas.
A petición de la reina intervino en Granada en
1499. Su polémica actuación se saldaría con la rebelión de los moriscos
granadinos
En1504 moría la reina Isabel. Cisneros, en Alcalá
reorganizaba la misión de Indias y programaba la edición de la Biblia
Políglota.
Cisneros iba a saltar al primer plano de la vida
política del reino tras la inesperada muerte del rey Felipe el Hermoso en 1506
y la manifiesta incapacidad de la reina Juana, en una situación de extrema
gravedad, a punto de estallar una guerra civil por las ambiciones de los
nobles. Durante los meses en los que le tocó ejercer la gobernación, hasta el
inicio de la regencia de Fernando el Católico, procuró evitar que la situación
empeorara.
El 5 de junio de 1507, a petición del rey
Fernando, Cisneros fue nombrado inquisidor general para la corona de Castilla.
Pocas semanas antes, el 17 de mayo, era creado cardenal, asignándole el título
de Santa Balbina.
Preocupado por seguir la política africana de los
Reyes Católicos, junto con el objetivo de la extensión de la fe cristiana entre
los infieles[7], promovió y sufragó
económicamente con los abundantes fondos de la mitra toledana, la campaña de
Orán de 1509, que culminó con la incorporación de la ciudad a la corona de
Castilla y a la diócesis toledana hasta el s. XVIII y que quedó inmortalizada
en los frescos de Juan de Borgoña de la capilla mozárabe de la catedral[8]. El
propio Cisneros asistió y entró en la ciudad conquistada, montado en una yegua
blanca y precedido por la cruz de plata que su predecesor, el cardenal Mendoza,
había colocado sobre las torres de la Alhambra tras la conquista de la ciudad.
El 23 de enero de 1516 moría el rey Fernando el
Católico. En su testamento nombraba a su hijo Alfonso, arzobispo de Zaragoza,
gobernador de la corona de Aragón, y a Cisneros de Castilla. Se iniciaba así la
segunda regencia del cardenal, en la que tuvo que afrontar tres grandes
problemas:
a)
La cuestión
dinástica, tras la decisión de don Carlos de proclamarse rey, obviando que la
reina propietaria era su madre, a la vez que se producían intrigas para que
fuera rey el infante don Fernando, educado en Castilla.
b)
La necesidad
de mantener el orden público y la justicia, amenazadas, una vez más, por los
nobles
c)
Las
complicadas relaciones con la corte de Bruselas
El gobierno de Cisneros se concretó en dos
ámbitos: la pragmática, de gobierno diario, y la política, de afirmación de la
nueva monarquía.
A principios de agosto de 1517, al enterarse Cisneros
del próximo viaje del rey, se puso en camino para salir a su encuentro.
Cisneros era ya un hombre desgastado y enfermo. No pudo conocer al monarca cuya
corona había salvaguardado, muriendo, como ya hemos señalado, en Roa. El 15 de
noviembre se celebró en Alcalá, siendo enterrado, tal como dispuso, en el
colegio de San Ildefonso. Pocos años después la universidad mandó edificar el
sepulcro de mármol, cuyo epitafio dice así:
Yazgo
ahora en este exiguo sarcófago. Uní la púrpura al sayal, el casco al sombrero.
Fraile, Caudillo, Ministro, Cardenal, junté sin merecerlo la corona a la
cogulla cuando España me obedeció como a Rey
En 1626 se iniciaría el proceso de beatificación,
que en la actualidad se encuentra “durmiendo”, en Roma.
CISNEROS REFORMADOR
Uno de los aspectos más trascendentales de la obra
de Cisneros fue la de reformador religioso, que en línea con la política
emprendida por los Reyes Católicos, trataba de renovar la vida espiritual en
los reinos hispanos. Dos fueros los modos de actuar: uno, con su participación
activa en la renovación de las órdenes religiosas; otra, con sus grandes
realizaciones culturales, alimento de vida espiritual posterior.
En primer lugar su actuación se centró en la orden
franciscana, buscando la superación del conventualismo, más laxo y relajado,
por la observancia. El programa, que arrancó ya antes de ser arzobispo, en
1493, culminaría en 1517, cuando el papa León X estableció la primacía de la
rama observante como única y legítima representante de la orden.
Asimismo Cisneros se implicó en la reforma de la
rama femenina, las Clarisas, de modo que tuvo una intervención más directa y
constante. En 1494 fue nombrado reformador de las Clarisas de Castilla, y al
año siguiente, reformador de los conventos femeninos en general. Consiguió la
integración de las Clarisas en la observancia, y al mismo tiempo colaboró de
modo entusiasta con el surgimiento de un nuevo brote franciscano femenino, las
religiosas concepcionistas.
Fundó varios monasterios, destacando el magnífico
(y desaparecido en 1936) de San Juan de la Penitencia de Toledo (1514). en
Illescas fundaría el de Madre de Dios
Ya arzobispo de Toledo, demostró una gran y
constante solicitud por la reforma de los religiosos de su diócesis,
especialmente de las casas femeninas. Asimismo se empeñó en la reforma del
clero secular y de la vida pastoral, desarrollando un vasto plan en el que
empleó todos los medios a su alcance, tanto tradicionales (visitas canónicas,
sínodos diocesanos) como modernos (sobre todo, el empleo de la imprenta),
arbitrando los modos concretos de hacer cumplir las soluciones adoptadas.
Cisneros comenzó con un intento de reforma del cabildo de Toledo, que suscitó
una fuerte oposición. Cisneros quería un cabildo ejemplar, pues en la diócesis
primada se miraban todas las demás iglesias de España. Tras el primer
conflicto, que llegó incluso a Roma, Cisneros volvió a intentar la reforma
mediante visitas canónicas, de las que conocemos tres.
Otro medio de reforma fue la celebración de
Sínodos diocesanos. En 1497 se celebró sínodo en Alcalá y al año siguiente en
Talavera. En las constituciones de este último destaca la preocupación por la
instrucción religiosa del pueblo, en ocasiones sumido en terrible ignorancia,
mandando que todos los domingos por la tarde se enseñara el catecismo a los
niños y se explicase el evangelio a los adultos en la misa del domingo, a la
vez que se les exhortase a practicar las obras de misericordia. Asimismo se
dieron normas para la honesta vida de los clérigos, y, con antelación a Trento,
manda que todos los párrocos llevasen un registro de los bautizados en sus
iglesias, así como un registro completo de sus feligreses. Como apéndice se
incluía un breve catecismo.
La aplicación de las constituciones se llevó a
cabo mediante la extirpación de los males por medio de visitas, remociones,
etc. y a través de otras iniciativas encaminadas a mejorar la formación y
cultura de los clérigos, con la impresión de libros, y, sobre todo, con la
creación de la Universidad de Alcalá. Practicó, además, una escrupulosa
selección de sus párrocos.
Otro de los puntos del programa reformista de
Cisneros era la dignificación y fomento del culto divino. En este sentido,
procuró la restauración del rito mozárabe, construyendo la capilla del Corpus
Cristi, dotándola de capellanes e imprimiendo los libros litúrgicos, con la
edición del misal y breviario isidoriano.
También en relación con las reformas de la vida
pastoral hay que señalar lo realizado a favor de la beneficencia y la previsión
social, destacando de un modo especial la creación de los pósitos, con la
función de aseguras la provisión de grano en tiempo de carestía. Fundo cuatro:
Toledo, Alcalá de Henares, Torrelaguna y Cisneros
CISNEROS HUMANISTA
La labor cultural de Cisneros hay que enmarcarla
en íntima conexión con el punto anterior. En este ámbito, sus dos grandes
realizaciones fueron la Universidad de Alcalá y la Biblia Políglota. Alcalá fue
el corazón de la reforma cisneriana, la universidad del humanismo español y de
la Reforma católica en España, que permitió la regeneración de la Teología.
Este era el objetivo inicial, servir de escuela para la formación sacerdotal.
En Alcalá la ciencia preponderante debía ser la Teología. Las constituciones se
inspiraron en las de París y los primeros profesores se habían formado allí. La
Teología enseñada no seguía estrictamente ninguna de las escuelas en boga en
ese momento, sino que daba entrada a las tres más importantes: tomismo,
escotismo y nominalismo, aunque su mayor originalidad vino de su orientación
preferentemente bíblica. Se fundó el colegio trilingüe de San Jerónimo. El
fruto más importante fue la Biblia Políglota, de una impresionante modernidad
en su concepción, buscando volver a las fuentes. En ella trabajaron numerosos
filólogos, algunos de origen converso.
Asimismo, para mejorar el nivel espiritual y
cultural del clero, el cardenal hizo imprimir a su costa y distribuir libros de
piedad y de devoción a sacerdotes, frailes y monjes reformados, introduciendo
libros de espiritualidad, repartiéndolos también en los conventos de monjas.
CISNEROS ESTADISTA
Al ser elevado a la mitra de Toledo, que conllevaba ser canciller mayor
de Castilla, Cisneros se vio metido de lleno en el mundo de la política, aunque
como confesor real ya había tenido que interesarse en temas políticos. El
culmen de esa subida al poder fue la regencia, que desempeñó en dos ocasiones.
Durante veinte años fue el hombre fuerte de su tiempo. ¿Cuál era la concepción
que tenía Cisneros de la política? En palabras actuales consideraba que estaba
destinada a la defensa del bien común, de la justicia y del orden público,
estando por encima de las diversas facciones. Cisneros tuvo que enfrentarse a
los grandes del reino, que ponían sus intereses por encima del bien común en
dos ocasiones: 1506-1507 y 1516-1517. Su preocupación por el orden público le
llevó a la creación de la Gente de Ordenanza. El cardenal se presenta a sí mismo como continuador de la política de los Reyes Católicos, aunque si es preciso no duda en apartarse de ella e incluso censurarla a partir de la defensa del bien común.
Con esta sucinta presentación esperamos abrir el apetito para que muchos se acerquen a conocer la figura extraordinaria del cardenal, y a que el próximo centenario de su muerte no se quede en eventos pasajeros sino en una recuperación de su figura, aprovechando las aportaciones que, al día de hoy, puede seguir aportando a la sociedad española.