Entre las olvidadas figuras del clero republicano de los años treinta en España que la actual historiografía está recuperando, se encuentra la del canónigo cordobés José Manuel Gallegos Rocafull. Sobre él se ha escrito un interesante libro, Por lealtad a la República. Historia del canónigo Gallegos Rocafull ,sobre el que escribí una recensión, que comparto para animar a su lectura.
José
Luis Casas, Por lealtad a la
República. Historia del canónigo Gallegos Rocafull. Editorial Base,
Barcelona, 2013, 343 pp.
Uno de los
ámbitos historiográficos que más desarrollo están teniendo en los últimos
tiempos, dentro del panorama histórico de nuestro país, es el de la
recuperación de la memoria del exilio español, tanto a nivel biográfico como en
relación a la obra realizada por los exiliados, de un modo particular la gran
labor intelectual de aquellos que se instalaron en México. En este contexto hay
que situar la biografía que el historiador José Luis Casas Sánchez (Cabra,
Córdoba, 1954) ha realizado sobre una de las figuras más brillantes, pero,
paradójicamente más olvidadas, de ese exilio. Se trata del sacerdote, canónigo
lectoral de la catedral de Córdoba, José Manuel Gallegos Rocafull (1895-1963),
cuya brillante y prometedora labor intelectual y social en España, primero en
Córdoba y luego en Madrid, donde se incorporó al claustro de la Universidad
Central como profesor de Filosofía, se vio truncada por la guerra civil, en la
cual tomó decidido partido por la causa republicana, lo que le valió, primero
la suspensión por parte de su obispo, y más tarde el exilio. En México
desarrolló una ingente labor como filósofo y teólogo, así como una tarea
pastoral intensa, tras su reintegración plena al ministerio. Numerosas obras,
la mayoría desconocidas en España, le muestran como un teólogo inserto en lo
mejor de la tradición tomista, al mismo tiempo que abierto a las nuevas
corrientes filosóficas y teológicas.
Es esta figura
la que se nos va mostrando a lo largo de la obra del profesor Casas, hecha
desde el deseo de dar a conocer a un personaje injustamente olvidado y cuya
obra merecería la pena fuera redescubierta, tanto en el ámbito filosófico como
teológico español. El libro se desarrolla a lo largo de seis capítulos, a los
que se añade un interesante apéndice documental (pp. 267-299) en el que se
recogen algunos textos y documentos relacionados con la figura de Gallegos.
Tras justificar en el primer capítulo, Por
qué una biografía de Gallegos Rocafull, los motivos que le llevaron a
interesarse por la figura del canónigo cordobés, analizado desde la clave del
concepto de lealtad, nos presenta en el segundo, Años de formación, apostolado y propaganda, los primeros años del
activo y brillante sacerdote, comprometido con la doctrina social de la
Iglesia, con una intensa labor en Córdoba, a cuyo cabildo se incorporó con veinticinco años, tras haberse formado en el
seminario de Madrid y en la Universidad Pontificia de Toledo, así como en el
ámbito de la investigación filosófica, que culminan con su incorporación a la
docencia universitaria en Madrid, tras obtener el título de doctor con una
tesis sobre El orden social según la
doctrina de Santo Tomás de Aquino. Allí le encontró el estallido de la
guerra civil, tomando Gallegos, junto a otros sacerdotes como Leocadio Lobo, la
decisión de apoyar a la República, colaborando en el ámbito de la propaganda,
lo cual le llevaría a enfrentarse al cardenal primado, Isidro Gomá, y a ser
suspendido por su propio obispo; todo ello se nos narra en el tercer capítulo, Y llegó la guerra. Al finalizar la
misma, Gallegos, tras una primera etapa en París, marchó a México, donde pronto
se incorporó al ámbito universitario, desarrollando una rica e interesante
producción filosófica, aunque siempre marcada por su inseparable fe, que lleva
a preguntarse al autor si realmente Gallegos era un filósofo o un teólogo; en
este capítulo, En el exilio: profesor,
filósofo y teólogo, Casas nos va resumiendo alguna de sus obras más
importantes. En el quinto capítulo, La
voz de un exiliado, se nos muestra la labor cultural e intelectual del
exilio español en México, así como la colaboración de Gallegos en varias
revistas, con numerosos artículos. Por último, el capítulo sexto, Los testimonios, el recuerdo, el
reconocimiento, nos presenta cómo tras la muerte de Gallegos, el 12 de
junio de 1963, mientras impartía una conferencia en la Universidad de
Guadalajara, su memoria se ha conservado en México y poco a poco se ha ido
dando a conocer en España, aunque aún en un grado insuficiente.
La obra de
Casas es un referente imprescindible para aquellos que deseen acercarse a la
vida y producción intelectual de Gallegos Rocafull. Tal vez si el análisis de los
escritos se hubiese hecho en capítulo aparte, se hubiera logrado una mayor
agilidad a la hora de su lectura, pues para aquél poco habituado al lenguaje
filosófico y teológico se puede hacérsele duro seguir el hilo de los abundantes
resúmenes de la obra de Gallegos que se van insertando a lo largo del
desarrollo biográfico. En cualquier caso, es un libro que debe ser bienvenido
de cara la recuperación de una figura injustamente olvidada, tal vez por la
peculiaridad del personaje, marcado por un doble exilio, primero en el seno de
la Iglesia y más tarde de su patria, y cuyo mejor colofón sería una publicación
de la obra completa de Gallegos. En relación a ella, en el 2007 la editorial
Península publicó, en 2007, La pequeña
grey, donde se recogen algunas reflexiones de Gallegos sobre el conflicto
civil que asoló España, escrito desde el desgarro que suponía para él, desde su
condición de creyente. El autor nos advierte de la vastedad de la producción
literaria del canónigo, señalando cómo en el estudio que nos presenta ha debido
dejar numerosos textos que, en un futuro, se propone analizar.
En definitiva,
un buen libro que puede proporcionar, tanto al historiador como al filósofo y
al teólogo, una herramienta excepcional de cara a adentrarse en el conocimiento
de una de las figuras más relevantes del panorama intelectual español de siglo
XX.
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